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Cofradía San Telmo.
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Nuestra Iglesia.

Cofradía dedicada a difundir la devoción a SAN TELMO.
En nuestra Ciudad, en la vieja calle de la Puerta Vergán, casi al final del suyo tramo en conexión con la medieval calle de los Ferreiros, existía una casa, humilde en sus dimensiones y en su arquitectura, representante de un modelo edificatorio con la ampliación de la Ciudad en 1170. Este modelo, que aún es visible en muchas de las edificaciones actuales de la Ciudad medieval, herederas directas, estableció unas dimensiones de parcela estándar, dominadas por la longitud y angostura de la vivienda. Era una casa de artesanos o comerciantes, y en ella, a fines de la primera mitad del siglo XIII, dormiría y moriría fray Pedro González Telmo, por la hospitalidad de un anónimo personaje. La rápida veneración por la figura del fraile dominico prodigaría que en aquella humilde casa en la que sobresalían incómodas peñas, aprovechadas por el Santo como cama y abrigo, se obtuviera un fin de culto antes que de vivienda, pasando con rapidez a considerarse un oratorio para veneración del lugar donde vivió y murió el santo dominico, santificando aquellas piedras sucias por la sangre y sudor de la penitencia de fray Pedro González. El tramo inferior de la vieja calle de la Puerta Vergán, se pasaría a denominar del Corpo Santo, en atención a la presencia del oratorio estrangulado entre el viejo caserío tudense. Sería el obispo D. Pedro Beltrán (1487-1505) el que emplearía parte de sus recursos económicos en dotar de cierta dignidad la capilla del Corpo Santo. A comienzos de 1766 la cofradía de Hijos de Vecinos San Telmo, conocía la favorable intención del obispo D. Juan Manuel Rodríguez Castañón, de ampliar la pequeña capilla del Corpo Santo y darle la dignidad que merecía. Desde 1766 a 1769 se iniciaron largos trámites para la consecución de la nueva capilla y con ese fin se fueron adquiriendo las viviendas vecinas y el comienzo de las obras. Se gastarían en todas esas adquisiciones, previas a las obras, un total de 10.530 reales por parte del obispo, y unos 1.235 reales por parte de la congregación en arreglos, gastos de mudanza, y alquileres varios.  El diseño definitivo de la obra lo acabaría escogiendo el obispo, tal y como confiesa la propia congregación más adelante, y recayendo en el plano de fray Mateo de Jesús María, de la orden de San Francisco en Portugal y natural de Tui, tal y como se comprobaría en la bendición de la primera piedra y más tarde por manifestaciones de la misma cofradía.
En las previsiones que estimaba fray Mateo de Jesús María, “ Y en juicio mío a todo coste llegara la obra de la capilla de San Thelmo según idea en la planta a cien mil reales salvo mexor parecer y comprahensión”, se vieron ampliamente superadas.  Sabemos que entre 1769 y 1770 se  remataria la cripta junto con la cantería  principal de la capilla representada en su  base. En el período 1776-1778, con el  tudense Francisco Muiños como principal  maestro de obras, se llegaría hasta la  cornisa. Mientras que entre 1790-1799,  Domingo Novás apuraría la bóveda de  aristas junto con diferentes obras de  rehabilitación por razón del excesivo tiempo  que se había mantenido la capilla abierta sin  cubrición (daños de las lluvias, etc.). Ya en  el último período, 1802-1803, la torre de las  campanas sería terminada por Manuel  Novás, además de procederse a una seria  de obras de ornato, en la fachada e interior,  incluido también el mobiliario.   La cripta es una bóveda de medio cañón  rebajado, con una puerta y tragaluz superior  que dota de iluminación natural a la cripta. Esta puerta está decorada con perfiles sinuosos que imprimen movimiento al  generoso derrame de las jambas, mientras que en el dintel se nos presenta una imitación de arrugas de cortina, lo que nos  lleva al arte y ornato interior (diferentes juegos de cortinas colgaban en roldanas en el interior de las iglesias) a sacarlo al  exterior, quedando petrificado por el granito. En el interior de la capilla cuatro medallones, en los respectivos machones de la capilla,  se ilustran con los milagros de San Telmo: el del vino del clérigo en Lugo, l de la  tormenta en La Ramallosa, en de los peces en Castrelo de Miño y el de la comida en  el monte San Antoniño. Quedarán enlazados con los elementos inferiores a través de una cinta plana que orla medallones y remata con motivo trebolado. El espacio central de la capilla desarrolla un armónico conjunto que hace de esta  capilla una de las más hermosas de Tui. Los retablos de la capilla, el del altar mayor y  los laterales, contribuyen con su solución clasista a un reposado interior, destacándose  ahora el juego de colores, que junto con la luminosidad de la capilla, enriquece las  sensaciones que se perciben. El altar mayor con la sencillez de líneas, acude en ayuda de la diafanidad del interior.  Es probable que este retablo junto con los otros dos, fueran realizados entre 1797 y  1799. El retábulo presenta más una solución estructural que ornamental. Dos pares de  columnas lisas en los extremos y dos flanqueando la imagen del Santo. Están  rematadas por capiteles corintios dorados, mientras que el fuste presenta un  marmoleado azul. La imagen de San Telmo esta sobre nimbos suspendido en  medio del retablo destacándose sobre un liso y sencillo fondo blanco. El  entablamento destaca potente para acoger bajo el arco de medio punto un  ovalo orlado por ángeles que recogen una tela blanca por debajo de éste, y  remata con nimbos y un ángel. El ovalo escenifica en su interior la caída del  caballo de San Telmo, paso trascendental para su dedicación a la vida  evangélica.

(Texto basado en el libro “Corpo Santo San Telmo”, del autor tudense Suso Vila)

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